
Redacción.- Un hecho insólito y aterrador sacudió a los habitantes de Kampung Dakoh, en Malasia, cuando un oso salvaje irrumpió en un cementerio local, desenterró una tumba y se alimentó del cadáver recientemente sepultado.
El impactante suceso ocurrió el 26 de diciembre, cuando Mazlan Aluij, de 50 años, acudió junto a su hijo a visitar la tumba de su esposa, Amek Along, fallecida semanas antes por un derrame cerebral. Al llegar, notaron señales alarmantes: huellas y excrementos de oso cerca del lugar.
“Sabía que algo andaba mal. Al día siguiente regresé con los vecinos y descubrimos que el cuerpo había sido devorado”, declaró Aluij al New Straits Times.
Aunque la especie exacta no ha sido confirmada, se sospecha que el responsable fue un oso malayo, el más pequeño del mundo, pero conocido por su agresividad y naturaleza omnívora. Este tipo de oso suele alimentarse de frutas, pequeños animales e incluso carroña, lo que lo convierte en un depredador oportunista.
Según informes locales, el mismo oso fue visto poco antes atacando a un perro en una vivienda cercana. Ante la alarma, la policía de Gua Musan fue notificada y los residentes permanecen en estado de alerta.
Expertos en vida silvestre advierten que este tipo de incidentes pueden volverse más frecuentes debido a la pérdida de hábitat natural y la deforestación, factores que empujan a los animales a ingresar en zonas habitadas por humanos en busca de alimento.
El caso ha generado conmoción internacional, evidenciando los peligros del creciente conflicto entre humanos y fauna silvestre provocado por el desequilibrio ambiental.