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Antes de que toquemos fondo

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a lucha política partidaria electoral en naciones sin clases dirigentes funcionales y responsables, no solo es divisiva, degradada, con efectos negativos sobre la gestión pública, sino que genera una especie de miopía, de visión tubular, que impide ver más allá de los propios intereses y las elecciones o convenciones venideras. La nación y sus intereses permanentes desaparecen del horizonte , si alguna vez fueron tenidos en cuenta. Solo hay atención para los cargos o recursos públicos, como el botín que se reparte dentro de un brutal spoil system, y que se articula con un entramado de negocios rentistas o canallas, de alta concentración. Por eso los poderes públicos no sirven a la nación y su pueblo, sino a los intereses de los muy poderosos, criollos y foráneos. También, por eso las mayorías nacionales están sometidas a un régimen de sobreexplotacion, de alienación, a la vez que de manipulación clientelista de su vulnerabilidad: se reparte como favores lo que debe garantizarse como derechos y libertades. Por eso es que sucumben los estados y se derrumban las naciones. Para evitarlo en el caso de RD es imperativo transformar y superar el modelo político, las relaciones reales de poder, que son propias de una Finca con Pasaporte RD. Propiamente, es una nueva Restauración de la República, pero se trata de una tarea muy difícil esa de unir a los dominicanos y cambiar la consciencia colectiva e individual, antes de que toquemos fondo. Difícil, pero no imposible…Hay factores que podrían favorecer ese proceso de relanzamiento de la República para salvar la nación. Las crisis múltiples del entorno global, continental, regional e insular, marcan el fin de una era de la historia universal, que a la vez coincide con la conclusión no solo del ciclo político partidario que comenzó en 1996, sino con el agotamiento de las energías de la Tercera República que inició el 12 de Julio de 1924. Un número creciente- más de la mitad- de los dominicanos tienen un pie en la anti política. Y la conjunción de estos factores entropicos, podría llevarnos a la indeseable irrupción de fórmulas autoritarias o dictatoriales, o peor aún, a una etapa de confrontaciones fratricidas, o de caída abrupta a la condición de estado fallido, especialmente, por la interacción de las crisis nuestras con las de Haití. Para evitar esas salidas extremas, que nos harían perder muchas de las conquistas alcanzadas, se impone, inicialmente, que los dominicanos más conscientes y comprometidos con los valores del patriotismo, sea capaces de generar un movimiento que trascienda la lucha partidista maleada y maleante, las posturas ideológicas cerradas, y los intereses corporativos extractivos de rentas.

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